Breve historia de la música.



INTRODUCCIÓN.

La Historia de la Música comenzó en el mismo instante en que el hombre primitivo descubrió que podía cantar o producir sonidos golpeando unos objetos contra otros o soplando a través de la cavidad de los huesos de los animales. Pero no vamos a tratar aquí de estas tempranas manifestaciones de la necesidad humana de la música. La Historia de la Música de nuestra propia cultura occidental puede tratarse partiendo de las culturas en las que la nuestra tuvo su origen: la judía, la griega, la romana. Sabemos por la Biblia que la música ocupaba una parte muy importante en la vida del pueblo judío. En la Biblia encontramos importantes referencias a los instrumentos musicales, al canto, a los compositores – el rey David es uno de los más célebres compositores judíos y los Salmos su obra más destacada -. Lo mismo podemos decir de la importancia de la música en Grecia y Roma, sobre todo en el teatro con sus Coros y en las celebraciones, fueran religiosas o profanas, con la danza y el baile – podemos recordar como fiestas características las Bacanales, celebradas en honor de Baco o Dionysios.

Pero la Historia de la Música propiamente dicha comienza alrededor del siglo VI cuando el repertorio tradicional del canto eclesiástico, que solía transmitirse oralmente, empezó a ponerse por escrito y a codificarse. Luego toda la música escrita en esta época – siglo VI – era música eclesiástica, ya que los monjes de los monasterios eran casi las únicas personas que sabían leer y escribir. Aunque no debemos ignorar que también la música existía en las cortes y en los palacios de los nobles. Pero es con la música eclesiástica con la que hemos de comenzar y la que necesitamos comprender. La música procedente de las grandes catedrales góticas y de los antiguos monasterios de Europa y conservada en los soberbios códices miniados concebidos como lujosos regalos para Papas, reyes y príncipes.

NOTA: El origen de las notas musicales, tal como han llegado hasta nosotros, se atribuye al monje italiano Guido d´Arezzo (990-1050), quien las tomó del principio de un himno latino en honor a San Juan Bautista dejándolas establecidas como do, re, mi, fa, sol, la, si.

1. EL CANTO GREGORIANO.

La primera manifestación musical en la Iglesia medieval fue el canto llano, conocido también como canto gregoriano por haber sido el Papa Gregorio I (590-604) el que ordenó recopilarlos, clasificarlos y utilizarlos en todas las iglesias de la Cristiandad. En todo el mundo cristiano, el elemento más importante de la liturgia – conjunto de ritos sagrados que la Iglesia realiza para la alabanza divina – era y es la Santa Misa, memoria sagrada de la Última Cena del Señor. La Misa se celebraba en latín, lengua de las gentes del Medioevo. Por eso, el canto gregoriano es todo en latín y hace referencia a las distintas celebraciones litúrgicas de la Cristiandad: Navidad, Semana Santa, Pascua de Resurrección, Pentecostés, Fiestas del Señor, de la Virgen y de los Santos. El canto gregoriano fue tan venerado como punto fijo de referencia musical, que ha llegado a constituir la base de la mayor parte de la música religiosa que se compuso en Europa durante los periodos medieval y renacentista.

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2. LA CANCIÓN PROFANA.

Junto al canto gregoriano, nos encontramos también en la Edad Media con la llamada canción profana, cultivada por los juglares que viajaban por las cortes feudales de Europa. Según las épocas y lugares, se les denominaba de diferentes formas – goliardos, juglares, trovadores, bardos, minnesinnger, meistersinnger, etc.-, pero todos tenían en común un mismo cometido: ensalzar el amor cortés mediante la música y la letra. ¿Qué es el amor cortés? Consiste en una concepción de la mujer como belleza inalcanzable, a la que idolatraban y cantaban en sus canciones. Los más conocidos de todos son los trovadores que florecieron principalmente en Provenza (Sur de Francia) y que cantaban en lengua vernácula y no en latín.

3. LA MÚSICA MEDIEVAL EN ESPAÑA.

La fama de la música provenzal llegó a España en el siglo XII, concretamente a la corte castellano-leonesa, gracias al influjo de los monjes

franceses. En dicha corte comenzaron a componerse obras en este estilo musical. Entre ellas, la más importante es la colección de las Cantigas de Santa María, compuestas por el rey Alfonso X el Sabio (1221-1284) en la segunda mitad del siglo XIII. El tema de las Cantigas recoge una serie de milagros realizados por la Virgen en honor de sus devotos. Sigue una tradición religiosa de moda desde el siglo XI. Para componer esta obra, el rey Alfonso el Sabio se sirvió de varias colecciones de milagros, tradiciones orales y sucesos reales acaecidos en su corte. La finalidad de estas colecciones era didáctica, es decir, ofrecer unos modelos de comportamiento para la vida de los cristianos sirviéndose de los ejemplos dados por los milagros. Entre ellos abundan los que tratan de la protección de María para con los caballeros cristianos que luchaban contra los hijos de la media luna o musulmanes.

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4. LA PRIMERA POLIFONÍA.

Tanto el gregoriano como la canción profana son música monofónica, es decir, música de un solo sonido o de una sola línea melódica. La polifonía es, por el contrario, la música compuesta por varias líneas melódicas o varios sonidos o varias voces. La forma más importante de la polifonía es el motete, composición musical, de carácter sagrado o profano, para varias voces solas, es decir, sin acompañamiento de ningún instrumento, que cantaban temas sagrados o profanos, según fueran de un tipo o de otro.

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5. LA MÚSICA EN EL RENACIMIENTO.

El periodo tradicionalmente conocido como Renacimiento se extiende aproximadamente desde la mitad del siglo XV hasta los últimos años del siglo XVI. Supuso una vuelta a los clásicos grecolatinos y a sus valores: de ahí la idea de hacer renacer la civilización grecorromana. La base de este movimiento estuvo en el humanismo, corriente que trató de poner el hombre en el centro de todas las cosas, basándose en el principio de que el hombre es la medida de todas las cosas. De aquí se derivan unas consecuencias importantes para la música, pues esta ya no será predominantemente religiosa, sino que se ocupará de temas humanos, paganos, mitológicos, etc., como veremos más adelante. Otro factor importantísimo para el desarrollo de la música fue la Reforma protestante iniciada por Martín Lutero (1483-1566), quien consideraba la música como

parte indispensable del culto divino. Lutero se dio cuenta de que la participación de la gente sencilla en los cultos religiosos aumentaría si se le permitiera participar en los servicios religiosos de una manera activa, en vez de escuchar pasivamente el canto en latín como se hacía hasta entonces. Además, ya en el siglo XV había desaparecido el latín como lengua viva o hablada. Lutero estableció un repertorio de himnos o corales, llamados así porque estaban concebidos para ser cantados a coro o en coros por los fieles, e inspirados muchas veces en conocidos cantos populares alemanes que resultaban familiares a sus seguidores. Introdujo como lengua de dichos corales la lengua alemana, que era la que hablaban sus seguidores, llamados luteranos o protestantes. La Reforma protestante obligó a la Iglesia católica a reaccionar. Esta reacción se llamó Contrarreforma. Su momento más importante fue durante la celebración del Concilio de Trento (1545-1563). En dicho Concilio se tomaron medidas para repristinar el canto eclesiástico. El resultado fue una música llena de fervor, de contenido emocional y de sentimiento místico, como veremos al tratar de la música renacentista en Italia y España. Por último, otro elemento que contribuyó eficazmente a la propagación de la música y a su desarrollo fue la invención de la imprenta a mediados del siglo XV. Gracias a ella, se imprimieron muchos libros musicales. El impresor más famoso es el veneciano Ottaviano Petrucci, quien, junto con sus discípulos, imprimió música de todas las clases: polifonía religiosa y profana, música instrumental, libros de himnos y colecciones de salmos. La primera música impresa lo fue en el año de 1501, en Venecia, por el antedicho Ottaviano Petrucci.

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6. LA MÚSICA ITALIANA DEL RENACIMIENTO.

Entre los compositores italianos de música religiosa en la época del Concilio de Trento se encuentra Giovanni Pierluigi da Palestrina (ca. 1525-1594). Su música ha sido tradicionalmente reverenciada y considerada como la cima de la polifonía del siglo XVI. Adoptó el nombre del lugar donde nació, Palestrina, pequeña villa cerca de Roma, y su vida entera estuvo dedicada al servicio de las iglesias más importantes de la ciudad eterna: Santa María la Mayor, San Juan de Letrán y San Pedro del Vaticano. Palestrina debió su temprano éxito al obispo de su ciudad natal, el cardenal Giovanni María del Monte, quien tras ser elegido Papa con el nombre de Julio III, pidió al compositor que lo acompañara a Roma. Palestrina nunca disfrutó del mismo favor al servicio de los Papas siguientes, mas parece que siempre estuvo cómodamente situado a la cabeza de una u otra sección de la capilla papal. Con poco más de treinta años se había ganado una extraordinaria reputación como compositor y director musical. Recibió por ello numerosas ofertas para trabajar en otros lugares, por ejemplo, en Viena y Mantua, pero no quiso abandonar nunca Roma. En la ciudad eterna fue maestro de música de la Cappella Giulia, cantor de la Capilla Sixtina, maestro de capilla en San Juan de Letrán y en santa María la Mayor, etc. Contrajo matrimonio con Lucrecia Gori, a la que perdió, junto a varios parientes, durante la epidemia de peste que azotó la ciudad de Roma entre los años de 1572-1580. Contrajo segundas nupcias con Virginia Dormoli en 1581. Murió en Roma el 2 de febrero de 1594. Compuso toda clase de música conocida hasta entonces: música vocal sacra, música vocal profana, motetes, madrigales, himnos, etc. Pero su composición más famosa es la Misa en honor del Papa Marcelo – Missa Papae Marcelli – .

Otras dos figuras importantes del Renacimiento italiano son los venecianos Andrea Gabrieli y su sobrino Giovanni Gabrieli. Andrea fue Maestro de Capilla de la Basílica de San Marcos, centro religioso y musical de la ciudad de los canales. Por las características arquitectónicas que ofrece la Basílica, dividía a sus músicos y cantantes en grupos, situándolos en diferentes galerías para que la música llegara al oyente desde distintas direcciones. Esta técnica de los cori spezzati – coros partidos – no era exclusiva de San Marcos de Venecia, pero allí se desarrolló especialmente como respuesta al diseño de la misma, al amor veneciano por lo grandioso y la genio de Andrea Gabrieli. Su sobrino Giovanni Gabrieli fue el primero que utilizó la palabra concierto al publicar, en 1587, un volumen con el título de Concerti y que contenía música religiosa, madrigales y otras obras compuestas por él mismo y por su tío Andrea.

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7. LA MÚSICA DEL RENACIMIENTO EN ESPAÑA.

Los cuatro pilares que sostienen el edificio de la música española del Renacimiento son, sin menoscabo ni olvido de otros músicos menores, Juan del Enzina, Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero y Tomás Luis de Vitoria. El primer compositor español del Renacimiento a quien conviene propiamente dicho título es a la figura de Juan del Enzina o de la Encina (1468-1529). Fue nacido en Salamanca. Su padre era zapatero de profesión y consiguió para varios de sus numerosos hijos que estudiaran una carrera. Juan estudió leyes y latín en la Universidad salmantina. Obtuvo después el cargo de director de espectáculos en la corte del Duque de Alba. Completó posteriormente su formación musical en Italia, donde estuvo al servicio papal. Se ordenó sacerdote, peregrinó a Jerusalén y fijó finalmente su residencia en León, donde murió. Sus restos descansan en el coro de la catedral de Salamanca. Juan del Enzina es un prototipo de hombre renacentista: músico, poeta, escritor, autor teatral, con influjo posterior muy grande que llegó hasta Lope de Vega. Como músico, que es lo que nos interesa, compuso obras polifónicas de dos clases: villancicos y romances. Cristóbal de Morales (ca. 1500-1553) es el más destacado compositor español de comienzos del siglo XVI. Su estancia en Roma durante diez años (desde 1535 a 1545) le granjearon el respeto y la fama de sus contemporáneos. Fue también miembro musical de la capilla papal. De entre sus composiciones destacamos sus motetes, como el Emendemus in melius (Enmendémonos para mejor), de carácter penitencial, compuesto para el miércoles de ceniza. Francisco Guerrero (1528-1599), también célebre compositor de polifonía sacra, trabajó en diversas ciudades españolas hasta que se trasladó a Roma en 1574. Su obra, como la de Morales, se compone de motetes sagrados, entre los que destacamos el que sirve de alabanza a la Eucaristía y que lleva por título Pan divino, gracioso, sacrosanto… Pero el compositor renacentista español más importante de todo el siglo XVI fue Tomás Luis de Victoria o de Vitoria (ca. 1548-1611). Fue también el compositor más importante de la escuela romana después de Palestrina. Nació en Ávila, de niño cantó en el coro de la catedral abulense y, cuando mudó la voz, fue a Roma a estudiar en el Colegio Germánico, una institución de los jesuitas fundada por San Ignacio de Loyola. Permaneció en la ciudad eterna cerca de 20 años, desempeñando cargos en varias iglesias e instituciones religiosas. Ordenado sacerdote, regresó a España, estableciéndose en Madrid, primero como compositor y organista de la emperatriz María, para cuyos funerales escribió una famosísima Misa de requiem. Acabó sus días retirado de la corte como capellán de un convento. Sus composiciones son exclusivamente sacras. Por el aire que respiran de misticismo, fervor y religiosidad, algunos críticos consideran su obra como el más fiel reflejo del ambiente de la Contrarreforma en España. Compuso Misas, 18 composiciones del Magnificat, Pasiones, Responsorios, Lamentaciones y unos 50 Motetes, cuyos dos más famosos son el Ave Maria y el O vos omnes, ambos en honor de la Virgen.

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SEGUNDA PARTE: LA MÚSICA BARROCA

INTRODUCCIÓN. Páginas 108-116 del libro.

Se entiende por época barroca el periodo comprendido entre 1600 y 1750 aproximadamente, y, en la Historia de la Música, el periodo que comienza con Monteverdi y finaliza con las grandes figuras de Bach y Haendel. Las características que presenta la música barroca frente a la del Renacimiento son radicalmente distintas. La suave polifonía renacentista, marcada por el paso unísono de las voces, fueran éstas tres, cuatro o cinco, contrasta con la nueva música barroca. Esta se distingue de la música renacentista por las siguientes características: El contraste, que consiste en la oposición fuerte/suave o piano, presto o rápido/lento, sólo/tutti o todos. Presencia constante del continuo, que solía ser normalmente un clave o un órgano. La misión del continuo consistía en aportar al conjunto de la composición el ritmo y la armonía necesarios. (Algo semejante a lo que en la música moderna desempeña la batería). Abandono de la polifonía y predominio de los instrumentos. Es decir, no se concibe ya la música como armonía de voces, sino que se acompañan las voces con instrumentos. Cultivo del concierto, consistente en una composición musical dividida en tres partes – allegro, lento o adagio, presto – para instrumentos solos. Creación de nuevas formas musicales desconocidas hasta entonces, como la ópera, oratorios, cantatas, etc., que veremos más adelante. Concepción del órgano como instrumento solista, principalmente en el centro y norte de Europa, sobre todo en las regiones que estaban bajo el influjo de la Reforma protestante. Importancia de los Mecenazgos o patrocinadores de la música (algo parecido a los modernos sponsor). La rivalidad por acoger a los mejores artistas era proverbial entre las cortes, las ciudades, los Papas, los obispos, etc. Algo de esto veremos más adelante al tratar de la vida de Bach, Haendel y otros compositores.

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MONTEVERDI Y LOS ORÍGENES DE LA ÓPERA.

Una de las primeras creaciones del Barroco fue la ópera y, aunque las primeras óperas fueron escritas por Peri y Caccini, el verdadero creador de la misma fue el italiano Claudio Monteverdi. Nacido en Cremona el 15 de mayo de 1567, ciudad de la región de Lombardía, en el norte de Italia, y principal centro del mundo en la fabricación de violines, entre los que destacan los Stradivarius, verdaderas joyas instrumentales, desempeñó el oficio de instrumentista y, posteriormente, el de Maestro de Capilla en la corte de los Gonzaga de Mantua (Italia), cargos que ocupó desde 1591 hasta 1608 en que abandonó la corte a causa de una depresión por la muerte de su esposa Claudia. El año de 1607 fue de capital importancia para su vida: escribió y representó en Mantua su ópera Orfeo. El argumento de la misma se basa en el mito griego clásico de Orfeo y Eurídice (Explicación). El Orfeo de Monteverdi no es sólo la ópera más antigua, sino la más representada hasta hoy en día en todos los teatros de ópera del mundo. A ella le seguirán otras dos óperas más, El retorno de Ulises a la patria y La coronación de Popea, basadas también en temas clásicos. Tras unos años en su ciudad natal de Cremona, tratando de curarse de la depresión antedicha, obtuvo el cargo de Maestro de Capilla de la Basílica de San Marcos de Venecia. Allí publicó sus dos últimos libros de Madrigales (el séptimo y el octavo) y prosiguió componiendo óperas. En 1630-1631 la peste se adueñó de Venecia obligándole a abandonar sus actividades musicales. Al año siguiente, en 1632, tomó los hábitos como religioso. Murió en Venecia el 29 de noviembre de 1643.

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OTROS COMPOSITORES BARROCOS ITALIANOS.

Girolamo Frescobaldi. Fue considerado “un gigante entre los organistas”. Desde 1608 hasta su muerte en 1643 desempeñó el oficio de organista en la Basílica de San Pedro de Roma, donde transcurrió toda su vida. Tuvo una reputación sin igual. Por su habilidad y agilidad de ejecutante mereció todos los elogios además de ser considerado modelo para los compositores e intérpretes de su tiempo. Cavalli. Considerado el sucesor natural de Monteverdi, de quien fue discípulo en la Basílica de San Marcos de Venecia y a quien sucedió en el mismo cargo, llegó a ser el compositor de ópera más destacado de Venecia y de Italia. Milán, Florencia, Nápoles y otras ciudades se disputaban la representación de sus obras. Fue incluso invitado a Francia para montar óperas en París con motivo de las bodas de Luis XIV. Carissimi. Nacido en Roma, fue primero cantor del coro infantil y luego organista de la catedral de Tívoli, a las afueras de Roma. Siendo Maestro de Capilla del Colegio Jesuita, comenzó a componer oratorios para ser representados ante la comunidad del Oratorio de la Santa Cruz. Dichos oratorios relatan historias bíblicas, por ejemplo las de Jefté y el Juicio de Salomón, con un cantante distinto desempeñando el papel de cada personaje y un narrador para contar la historia. La importancia de Caríssimi radica en haber aplicado los nuevos métodos barrocos al oratorio y por haber hecho de él un género dramático que podía ser representado tanto en los teatros como en las iglesias. Su influencia fue grande y duradera, extendiéndose tanto a Alemania como a Francia (donde Charpentier fue probablemente alumno suyo) e Inglaterra, en donde, posteriormente, Haendel imitaría sus técnicas.

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3. LA MÚSICA BARROCA EN CENTROEUROPA.

Heinrich Schütz (1585-1672). Si hay en Europa un compositor comparable a Monteverdi, éste es el alemán Heinrich Schütz. Nació en Sajonia en 1585 y era hijo de un posadero. Cuando tenía 13 años, el landgrave Moritz, gobernante de Hesse-Kassel, se hospedó en su casa y, oyendo cantar al niño, le pidió al padre que se lo dejara para llevárselo al coro de su corte de Kassel; posteriormente Schütz estudió leyes en la universidad y luego su mecenas le brindó la oportunidad de marchar a Italia para estudiar con Giovanni Gabrieli. Allí fue en 1609, llegando a ser el discípulo predilecto de Gabrieli, quien, antes de morir, le dejó como recuerdo su anillo de oro de desposado. Regresó a Alemania en 1613 y trabajó al principio en la corte de su protector, en Kassel. Éste lo “prestó” después al más poderoso gobernante de Sajonia, el Elector Johann Georg de Dresde donde recibió el nombramiento de Kapellmeister – Maestro de Capilla -. Su trabajo consistía en componer música para las principales ceremonias de la corte, fueran religiosas o profanas, y en supervisar la labor musical de la corte más poderosa de la Alemania protestante. En Dresde permaneció el resto de su vida, aunque pasó algunas temporadas fuera: Venecia, Copenhague y otras cortes alemanas. Su vida, sin embargo, no fue feliz. En el terreno personal perdió a su mujer después de seis años de matrimonio y sus dos hijas murieron antes que él. En el ámbito profesional encontró graves dificultades debido al empobrecimiento de la corte de Dresde por la Guerra de los Treinta Años; muchos músicos fueron despedidos, y los que quedaron no recibían paga alguna, por lo que apenas podían malvivir e ir tirando. Intentó establecerse en Dinamarca, pero el Elector no accedió a sus deseos de marchar. Sus condiciones de trabajo resultaban lamentables, por lo que intentó una y otra vez retirarse, cosa que no consiguió hasta los 70 años. En 1670 encargó a uno de sus discípulos un motete para su propio funeral, cosa que harían posteriormente Bach y Mozart. Murió dos años después, en 1672. La importancia musical de Schütz se debe a haber sido el compositor de las dos primeras óperas alemanas: Dafne y Orfeo, ambas perdidas hoy. Compuso también salmos, motetes, sinfonías sacras, pequeños conciertos sacros y creó obras para las festividades religiosas mayores, como composiciones sobre la Navidad y la Pasión. Dietrich Buxtehude (ca. 1637-1707) es el más completo compositor de música para teclado, órgano sobre todo. Trabajó en el norte de Alemania, aunque él mismo se consideraba danés por sus ocho años de organista en Helsingor (el Elsinore del Hamlet de Shakespeare). Fue también organista de la iglesia de Santa María, en la ciudad alemana de Lübeck. Allí puso de moda la antigua costumbre de dar conciertos públicos en la iglesia, los famosos Abendmusik, “música vespertina”. Cuando Bach estaba en Arnstadt recorría muchas millas a pie para escuchar algunos de ellos, y en particular los de Buxtehude al órgano. Johann Pachelbel (1653-1706), conocido como autor del famosísimo Canon, fue también un renombrado organista. Con sus composiciones corales para dicho instrumento ejerció una considerable influencia en la música posterior, sobre todo en Juan Sebastián Bach, cuya ciudad natal de Eisenach visitó Pachelbel poco tiempo antes de nacer Bach.

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LA MÚSICA BARROCA EN INGLATERRA.

Henry Purcell (1659-1695) pertenece a esa escasa estirpe de compositores de gran talento, como Mozart y Schubert, que desarrollaron su arte rápidamente y murieron muy jóvenes. Con sus breves 36 años de vida sigue siendo el más grande compositor inglés de todos los tiempos. Se formó primero como cantor de la Capilla Real de Londres; a los 8 años compuso su primera obra, a los 15 fue encargado de afinar el órgano de la Abadía de Westminster, a los 18 fue compositor de la Banda Real, y a los 20 ocupó el cargo de organista de Westminster. Compuso obras de todo género, entre las que destacan su ópera Dido y Eneas, Antífonas sacras para los divinos oficios, Música de cámara, teatral, piezas para teclado, canciones, etc.

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LA MÚSICA BARROCA EN FRANCIA.

Las conexiones entre Francia e Italia fueron muy fuertes históricamente. Dos reyes franceses habían desposado a dos damas italianas de la nobilísima familia de los Médici florentinos, llevando consigo a París muchos artistas italianos. Esto hizo que la música italiana cautivara rápidamente el gusto francés. Precisamente fue un italiano el que llevó a cabo esta tarea: Giovanni Battista Lully. Jean-Baptiste Lully (Florencia 1632-París 1687). Era hijo de un molinero florentino; sin haber cumplido los 14 años marchó a Francia para trabajar como servidor de una dama de la corte. Allí adaptó su nombre italiano al francés, siendo conocido desde entonces como Jean Baptiste Lully. Llegó a ser un habilidoso violinista, guitarrista, clavecinista y bailarín. Y fueron sus dotes para esta última actividad artística las que le llevaron a relacionarse con el joven rey Luis XIV. Su fama se propagó rápidamente, ascendiendo de un puesto a otro hasta llegar a ser músico de la familia real. Aunque en honor a la verdad conviene decir que Lully alcanzó su alta posición debido más a su astuta manipulación – como buen italiano – que a sus habilidades musicales. Su absolutismo musical era parejo al absolutismo político de su rey. Entre sus composiciones destacamos las escritas para Ballet, Motetes, Óperas, Música coral sacra, Sonatas, etc. Marc-Antoine Charpentier (ca. 1648-1704), que estudió en Italia, llevó a Francia el estilo del oratorio dramático y compuso numerosas Misas, Motetes y otras obras religiosas, entre las que destaca su famosísimo Te Deum, uno de cuyos movimientos ha sido elegido como sintonía musical para las conexiones televisivas de Eurovisión. François Couperin (1668-1733). Nació en París de una familia de organistas y clavecinistas. Cuando tenía 25 años ocupó el cargo de organista real. Como compositor destacó sobre todo en creaciones para clavecín, además de componer para órgano, música de cámara y música vocal sacra. Jean Philippe Rameau (1683-1764). Nacido en Dijon, la capital de Borgoña, comenzó de joven su carrera de organista y teórico musical, ocupando cargos en diversas ciudades, entre ellas París, donde adquirió fama de pensador original y polémico. Se preocupó más de las teorías musicales que de la composición. No obstante, nos ha dejado óperas, entre las que destacan Las Indias galantes y Cástor y Pólux; también música para teclado, de cámara, motetes y cantatas.

TERCERA PARTE. LOS GRANDES COMPOSITORES BARROCOS

ANTONIO VIVALDI – JOHANN SEBASTIAN BACH – GEORG FRIEDRICH HAENDEL

ANTONIO VIVALDI

1.- VIDA. Nació en Venecia en 1678 y murió en Viena en 1741. Hijo de Giovanni Battista Vivaldi y de Camilla Galicchio. Los orígenes de su familia hay que buscarlos en Brescia. Entre los antecesores del músico abundaron los marinos – de ahí que acabaran asentándose en Venecia – y también los galeotes, piratas y bandidos. Toda la familia Vivaldi, por parte paterna, tenía el pelo rojo (en italiano rosso) o azafranado, por lo que se les conocía por el apodo de los Rossi (los Rojos). Por eso Vivaldi, siendo ya sacerdote y músico célebre, era conocido como il prete rosso = el cura rojo debido al color de su pelo.

De su padre, consumado violinista, heredó el amor a la música. Desempeñó las tareas de Maestro de Capilla del famosísimo Ospedale della Pietà= Hospital de la Piedad. Era dicho hospital una institución benéfica donde se acogía a los niños expósitos, se les educaba y se les enseñaba música como un medio para ganarse la vida cuando fueran mayores. Con estos niños desarrolló Vivaldi toda su actividad musical, ya que eran músicos consumados hasta el punto de ser conocidos más por el instrumento que tocaban que por su nombre propio.

Toda su vida la pasó en Venecia, excepción hecha de una breve estancia en Ferrara, de la que le quedó un amargo recuerdo, ya que aquí le acusaron de dedicarse por entero a la música y olvidarse de sus obligaciones sacerdotales, como por ejemplo el no celebrar misa. Así que volvió a Venecia y allí siguió viviendo.

Ganó enormes sumas de dinero con sus composiciones, pero las gastaba con la misma facilidad con que las ganaba – obras de caridad, empresario musical, fiestas, etc. -, llegando a verse en la pobreza más absoluta al final de sus días venecianos.

Marchó a Austria en busca de fortuna a principios del año 1741 y se instaló en Viena, la capital, donde triunfó ante el emperador Carlos VI. Pero la pobreza de la que no pudo o no supo salir, su crónica enfermedad de asma y el abandono en que se vio le llevaron a la muerte. Murió en Viena el 28 de julio de 1741 en medio de la más absoluta pobreza, en casa de la familia Satler, unos amigos que lo habían acogido por caridad al ver la pobreza y la miseria en que estaba sumido.

2.- OBRAS. La obra de Vivaldi es ingente en calidad y en cantidad. Compuso cientos de obras instrumentales, siendo el Concerto la más característica de sus composiciones. Las características del Concerto vivaldiano son: división en tres partes, normalmente repartidas en un inicio o Allegro, seguido de un Adagio o lento, para acabar con un Vivace o rápido moviento al final.

Entre sus composiciones más destacadas, conviene recordar L’Estro armonico, que agrupa 12 conciertos para diversas combinaciones de instrumentos de cuerda; La Stravaganza, publicados cuatro años después de L’Estro y que contiene otros 12 conciertos para orquesta de cuerda. Aunque su obra más divulgada ha sido Il cimento dell’armonia e dell’invenzione = El cimiento o fundamento de la armonía y de la invención, donde se encuentran los cuatro conciertos dedicados a las estaciones del año, es decir, Le quattro stagioni. En todo el conjunto de Il cimento Vivaldi recurre a la imitación de la naturaleza, creando una música descriptiva inspirada en textos literarios que le han merecido una fama inmortal. Las Cuatro estaciones son una descripción de escenas de la naturaleza y de las actividades humanas en cada una de las estaciones del año: Primavera, Verano, Otoño e Invierno que veremos más detenidamente en las páginas siguientes.

Compuso también infinidad de obras de carácter religioso: Misas, corales, cantos, etc. De esta ingente producción destacamos su Magnificat – canto de acción de gracias a Dios que la Virgen María entonó cuando fue a visitar a su prima santa Isabel, la madre de san Juan Bautista, poco después de recibir el anuncio de que iba a ser madre de Jesús por boca del arcángel san Gabriel, tal como nos lo cuenta el evangelista san Lucas -, un Te Deum – himno de alabanza a Dios -, una Salve Regina – la oración cristiana de la Salve -, y su más famoso oratorio Juditha triumphans – Judit triunfante, sobre la famosa heroína bíblica Judit y su triunfo sobre Holofernes.

Compuso también óperas, obras orquestales, música de cámara, obras vocales y corales – Misas, Salmos, Motetes, Oratorios, etc -, que han hecho de Vivaldi uno de los músicos más prolíficos y fecundos de todos los tiempos.

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JOHANN SEBASTIAN BACH

1.- VIDA. El más grande músico, junto con Wolfgang Amadeus Mozart, de todos los tiempos, nació en Eisenach, pequeña ciudad de la región alemana de Turingia, el 21 de marzo de 1685 y fue bautizado dos días después en la iglesia de san Jorge, la histórica y famosa Georgenkirche. Eisenach es una ciudad con profundas raíces y tradiciones históricas, políticas y culturales. Baste recordar, como celebración, sus torneos poéticos y musicales de la Edad Media, los célebres Sängerkrigen de los Minnesänger = Los Maestros Cantores, uno de los cuales fue cantado por Wagner en su Tannhäuser; como acontecimiento político, recordamos las nupcias de santa Isabel de Hungría, quien, en la misma Georgenkirche donde fue bautizado Bach, se había desposado en 1221 con el landgrave de Turingia Ludwig IV e, igualmente como hecho político, conviene recordar la constitución como ducado independiente de la ciudad de Eisenach tras la desmembración del ducado de Weimar. La pequeña ciudad estaba dominada por un imponente castillo medieval, alzado en la más alta de las colinas que la rodean; y muy cerca de ella se encuentra el famosísimo castillo de Wartburg, el que fue testigo de la vida penitencial y caritativa de santa Isabel de Hungría y de los torneos de Tannhäuser

Pero para las personas profundamente religiosas, como Bach y toda su familia, la ciudad tenía otras características más importantes: Eisenach estaba íntimamente ligada a Lutero y su reforma religiosa, el luteranismo o protestantismo. En Eisenach había estudiado Lutero, en la escuela de latín anexa a la Georgenkirchen, entre 1498 y 1501; en Eisenach se había refugiado en mayo de 1521 después de la gravísima ruptura de la Dieta de Worms a raíz de su cuestión de la autoridad de la Sagrada Escritura; en Eisenach predicó Lutero el 3 de mayo de 1521, violando la expresa prohibición del emperador Carlos V o Carlos I de España, con lo que se metió en un camino sin posibilidad de retorno: el de la Reforma luterana; en Eisenach, concretamente en su castillo, se dedicó Lutero, entre 1521 y 1522, a la traducción de la Biblia al alemán y a la formación de los cantos de la Reforma, la nueva música religiosa, que alcanzaría su máxima perfección en Bach; finalmente, muy cerca de Eisenach, en el histórico castillo de Wartburg, Lutero se despojó de su hábito de religioso agustino, rompiendo así definitivamente con la Iglesia católica.

Con respecto a su vida, conviene decir que Bach pertenecía a la más formidable estirpe de músicos que jamás haya existido. Una familia tan numerosa, con tantas ramificaciones y repeticiones de nombres, hasta el punto de que los especialistas han tenido que dar un número correlativo a sus miembros para poder aclararse en esta intrincada red.

Fue el octavo hijo del matrimonio formado por Johann Ambrosius Bach y María Elisabeth Lämmerhirt. Nació el 21 de marzo de 1685 en el actual número 5 de la calle Luthergasse. En casa de los Bach se respiraba una profunda fe religiosa, una piedad intensa y un gran amor por la música. Poco antes de nacer Johann Sebastian, su ciudad natal había vivido una experiencia que dejó profunda huella en el ambiente musical de la ciudad y que influiría grandemente en nuestro músico: Eisenach había hospedado a Johann Pachelbel (1635-1706), el autor del famosísimo Canon.

Bach fue inscrito en la Lateinschule = Escuela de Latín, en la que estudiaban niños cuyos padres deseaban para ellos una formación superior; los demás iban a la Deutschschule = Escuela de Alemán. El director de la Escuela de Latín era el Kantor de la Georgenkirche, que por aquellos años era Andreas Christian Dedekind. Entre las obligaciones de los alumnos estaba la de cantar en las funciones litúrgicas de los domingos y fiestas en dicha iglesia. Aparte, claro está, del horario de estudios, que era muy dilatado.

Del párrafo anterior se deduce que Bach tuvo una doble formación musical: en la escuela, bajo la dirección del Kantor y, en casa, con las enseñanzas de su padre Joahnn Ambrosius y de su tío Johann Christoph. De su padre aprendió el arte del violín, en el que muy pronto sobresaldría; de su tío aprendió a tocar y amar el órgano, a conocer y apreciar la música de Frescobaldi y sobre todo la de Pachelbel.

Cuando Bach acababa de cumplir los nueve años murió su madre. De los ocho hermanos que fueron ya habían muerto cuatro, ya que la mortalidad infantil era entonces cosa harto frecuente; el mayor de los vivos, Johann Christoph estaba ya colocado; los tres restantes – María Salomé, Johann Jacob y Johann Sebastian – vivían en la casa paterna. Ante la necesidad de dar una madre a los dos pequeños, Johann Ambrosius optó por contraer nuevo matrimonio seis meses después de quedar viudo. Y lo hizo con Bárbara Margaretha Keul, viuda y con una hija, Christiana María, de nueve años. Pero a los tres meses de la celebración de este matrimonio, el 20 de febrero de 1695, murió el padre de los Bach, Johann Ambrosius, dejando a la familia en una situación crítica. Pero el hermano mayor de los Bach, Johann Christoph, que había sido alumno de Pachelbel en Erfurt y ahora era organista de la Michaeliskirche = Iglesia de San Miguel de Ohrdruf, se hizo cargo de los dos hermanos menores y se convirtió en un segundo padre para Johann Sebastian. Allí permaneció hasta que acabó sus estudios en 1700 – equivalentes a nuestro bachillerato -, aprendiendo de su hermano los secretos del órgano y cantando en el coro de la iglesia.

LUNEBURGO.- Marchó después a Luneburgo – Lüneburg – a perfeccionar sus conocimientos de órgano, dando origen a sus primeras composiciones para órgano: Corales sobre todo. Aquí obtuvo un puesto como violinista ocasional en la corte de los duques de Lüneburg, familiarizándose con el estilo francés de las suites, ouvertures, etc., y en el que luego escribiría sus magistrales composiciones de Köthen.

WEIMAR.- Pasó posteriormente a lo que sería su primera etapa en Weimar, donde trabajó como violinista en la corte del duque de Weimar, pero su vocación no era la de ser un simple violinista, por lo que pronto abandonó la corte y marchó a Arnstadt en busca de una plaza de organista en la Neukirche = Iglesia Nueva.

ARNSTADT.- En este oficio lo encontramos en 1703 y aquí duró hasta 1706, en el que unos problemas burocráticos con el ayuntamiento de la ciudad le obligaron a abandonarla.

MÜHLHAUSEN.- Pasó posteriormente – en 1706 – a Mühlhausen, como organista de la parroquia de san Blas, una de las dos iglesias que había en la ciudad. La otra era la Marienkirche = Iglesia de la Virgen María. Aquí encontró trabajo, un sueldo altísimo para lo que se ganaba en su tiempo y, sobre todo, el amor de su prima María Bárbara, con la que contrajo matrimonio en 1707. La felicidad de su hogar se vino abajo por una disputa entre los dos pastores de ambas iglesias, disputa que dividió a la población, y que hizo que Bach tuviera que abandonar su cargo y la ciudad al tomar partido por el pastor de la Marienkirche, rival de su superior de san Blas.

WEIMAR (2ª etapa). En 1708 marcha de nuevo desde Mühlhausen a Weimar, donde el duque Wilhelm Ernst – Guillermo Ernesto – le ofreció el doble cargo de Hoforganist = Maestro de Órgano y Kammermusicus = Director de la música de cámara o Maestro de la orquesta de cámara de palacio. Empieza así su segunda etapa de Weimar. Aquí permanecería hasta 1717, aquí le nacieron sus cinco primeros hijos – de los veinte que tuvo en sus dos matrimonios – y aquí vieron la luz sus primeras Cantatas, obras que seguiría componiendo a lo largo de su vida.

Las dificultades que surgieron entre la profunda fe luterana de Bach y el pietismo extravagante del duque hicieron que Bach, sin consultar con el duque, se buscara otro lugar donde desempeñar su trabajo musical. Al enterarse el duque de que quería macharse, le negó el permiso de salida de sus territorios y lo metió en la cárcel. La prisión duró cuatro semanas hasta que, con ánimo enojado, el duque le concedió licencia para marcharse, cosa que hizo en el año de 1717.

KÖTHEN.- En Köthen, Bach y su familia percibían un sueldo muy superior al de Weimar, lo que les sirvió para llevar una vida casi principesca al no faltarles de nada. Tenía casa, buen sueldo, el trabajo que le gustaba, etc., ¿qué más podía pedir? Aquí pasó Bach una de las etapas más felices de su existencia, hasta el punto de querer vivir en Köthen el resto de sus días. También aquí se encontró con un príncipe, Leopoldo, y una corte amantes de la música profana, pero enemigos de cualquier clase de música sagrada. ¿Por qué motivos? La corte de Köthen había abrazado la fe calvinista, aunque el pueblo seguía siendo luterano. La fe calvinista prohibía los cantos y la música en las celebraciones sagradas. Así que Bach se encontró con una tarea hasta ahora desconocida para él: la de componer e interpretar música profana, dejando de lado la música religiosa. Esta sería la causa principal de que, tras unos años felicísimos en Köthen, Bach comenzara a sentirse insatisfecho, ya que por su profunda religiosidad, por su formación musical y quizá por su mismo temperamento, era, y se sentía, músico de iglesia y organista por encima de todo. No obstante, aquí brotaron algunas de sus mejores obras profanas, entre ellas sus seis Conciertos de Brandeburgo, Música de cámara para instrumentos solistas, Sonatas varias, Conciertos para violín, las dos Suites instrumentales: Suite francesa y Suite inglesa y, sobre todo, su Música para clave, destacando, en este apartado, las tres grandes colecciones didácticas, de las cuales señalamos El clave bien temperado y El pequeño libro para Ana Magdalena Bach. ¿Quién era esta Ana Magdalena?

ANA MAGDALENA BACH.- Fue su segunda esposa, ya que el 7 de julio de 1720 había fallecido su prima y primera esposa María Bárbara, de la que tuvo siete hijos. Al morir María Bárbara, Bach se quedó con cuatro niños pequeños: la mayor tenía 12 años y el más pequeño no llegaba a los 5. Por eso, a pesar del dolor por el tránsito de su primera esposa, pensó en buscar una nueva ‘madre’ para sus hijos y un apoyo para él mismo en la vida. Johann Sebastian y Ana Magdalena se prometieron en septiembre de 1721, contrayendo matrimonio unos meses después, el 3 de diciembre del mismo año, en la casa que Bach tenía en Köthen con el fin de evitar conflictos entre las dos iglesias de la ciudad, la luterana y la calvinista.

Como dijimos anteriormente, Bach echaba de menos en Köthen la música religiosa, a pesar de las ventajas materiales que le ofrecía la corte. La ocasión de encontrar un lugar propicio para su vocación de organista y compositor religioso se le presentó Bach al quedar vacante el puesto de Kantor de la iglesia de santo Tomás de Leipzig – la Thomaskirche -, por la muerte de su titular Johann Kuhnau. El Ayuntamiento de la ciudad sacó a concurso la plaza vacante. A esta convocatoria se presentaron siete aspirantes, entre ellos Telemann, quien fue el elegido. Pero Telemann renunció a la plaza. Esto obligó a las autoridades de Leipzig a hacer una nueva convocatoria en la que, con algún que otro problema y ciertas dificultades, la plaza fue otorgada a Bach.

LA IGLESIA DE SANTO TOMÁS (THOMASKIRCHE) DE LEIPZIG.- El 5 de mayo de 1723 se le comunica a Bach el nombramiento como Kantor de la Iglesia de santo Tomás de Leipzig, tomando posesión el 15 del mismo mes. La iglesia, del siglo XIII, formaba parte del antiguo convento de los padres Agustinos. A raíz de la Reforma luterana, el Ayuntamiento de la ciudad se incautó del convento, de la iglesia y demás edificios anejos, entre ellos una escuela privada regida por los Agustinos, la famosísima Thomasschule. Lo mismo pasó con la iglesia de san Nicolás. Ambas iglesias, la de santo Tomás y la de san Nicolás, eran las más importantes de Leipzig en la época de Bach. Las obligaciones de Bach como Kantor eran de dos tipos: enseñar a los alumnos de la Thomasschule y componer y dirigir la música en las iglesias de santo Tomás y san Nicolás. El sueldo era muy superior al de Köthen, aunque en la práctica parecía menor, ya que la vida en una gran ciudad como Leipzig era mucho más cara que en la pequeña Köthen. Sin embargo, Bach contaba con otras entradas de dinero por la asistencia a bautizos, bodas, funerales, música en la universidad, colectas para la escuela, etc. Además, poseía casa gratis. De aquí que no sólo viviera desahogadamente a pesar de su numerosísima familia – había tenido trece hijos más de su matrimonio con Ana Magdalena, aunque de los veinte nacidos sólo sobrevivieron doce -, sino que, a su muerte, dejó a sus hijos una herencia bastante copiosa. Debido a su edad avanzada, tuvo algunos problemas con los niños de la Thomasschule, a los que tenía que enseñar música, latín y el catecismo. Los alumnos, bastante desinteresados en aprender dichas materias, le apodaban “la vieja peluca” o simplemente “el peluca”, lo que provocaba la irritación y la desesperación en el maestro. Pero por encima de todo estaban las alegrías que Bach encontraba en su propia casa, con su familia, en la composición y dirección musical para la iglesia de santo Tomás. Eran numerosísimos los músicos que iban a visitarle, para quienes las puertas de su casa estaban siempre abiertas y la mesa preparada. De todas las cortes solicitaban su presencia. El rey de Polonia lo nombró compositor de corte. El embajador ruso, Kayserling, le pidió una composición para combatir el insomnio de su protegido Teófilo Goldberg, naciendo así las famosísimas Variaciones Goldberg. Federico el Grande de Prusia lo invitó a Berlín, donde fue objeto de los más grandes honores. En suma, estaba en la cúspide de su fama. Todos querían escuchar a Bach, tenerlo a su vera, invitarlo a inspeccionar o inaugurar órganos: ciudades, nobles, príncipes, reyes, etc. Bach no sólo vivió en Leipzig la mitad de su vida creadora, sino que allí produjo lo mejor de su obra. A esta etapa pertenecen obras claves como las dos Pasiones: La Pasión según san Juan y la Pasión según san Mateo; también el Magnificat, el Oratorio de Navidad, la Misa en si menor, el Concerto italiano, las ya nombradas Variaciones Goldberg, además de obras para órgano, entre las que se encuentran las conocidísimas Tocatas y fugas, destacando por su celebridad la Tocata y fuga en re menor.

DECADENCIA Y MUERTE.- Sin embargo, tanta felicidad se vio turbada por una enfermedad progresiva de la vista que le llevaron a la ceguera total. Creyendo que podía curarse de la misma – parece que se trataba de unas cataratas muy avanzadas – se puso en manos del famoso cirujano inglés Jhon Taylor, de quien se contaban maravillas y que pasaba una temporada en Leipzig. Al quitarse las vendas unos días después de la operación, desgraciadamente veía menos que antes. Taylor dijo que se imponía una segunda operación, que el músico soportó con paciencia ejemplar. El resultado fue peor todavía: quedó ciego. Además, lo trataron con medicinas de efectos muy dolorosos y con sangrías que debilitaron su hasta entonces robusta salud. Aunque todo ello lo vivió como lo que fue: un profundo creyente, un hombre de grandísima fe y un santo varón. Bach nunca temió a la muerte, ya que la veía como el momento de reunirse con el Señor. Por ello vivió las últimas semanas de su vida con plena lucidez y una gran paz interior. Su esposa Ana Magdalena nos ha narrado con detalle los últimos momentos de la vida de Bach. Pocos días antes de morir, llamó repentinamente a su yerno Christoph Altkinol y le pidió que escribiera una música que quería dictarle. Se trataba del coral para órgano Ante tu trono me presento, un coral que Bach había trabajado en varias ocasiones y que, en estos instantes supremos, adquirió un valor excepcional y muy significativo.

Pero dejemos hablar a su esposa y oigamos lo que ella misma nos cuenta con todo detalle: “… Al cabo de un rato oí su voz apagada que me llamaba: ‘¡Magdalena, querida, acércate!’. Al oír el tono tembloroso de su voz me volví como si me hubiera atravesado una flecha. Christoph (Altkinol) había salido y me precipité sobre su lecho. Con los ojos muy abiertos miraba hacia mí ¡y me veía! ¡Sus ojos, apagados por el esfuerzo y el dolor, se habían vuelto a abrir y tenían un brillo doloroso!. Fue el último regalo que le hizo Dios: devolverle la vista poco antes de su fin. Volvió a ver el sol, vio a sus hijos y me vio a mí y al nietecito que le tenía Lieschen y que llevaba su nombre. Yo le acerqué una magnífica rosa roja y su mirada se posó en el brillante color: ‘¡Magnífica! – dijo -; donde ahora voy veré colores más hermosos y oiré la música que hasta ahora sólo hemos podido soñar. ¡Y mis ojos verán al mismísimo Señor!’. “Estaba inmóvil, tenía mi mano en la suya y parecía estar viendo la imagen con que había soñado toda su vida, la del Altísimo, al que había servido con su música. “Pero cada vez se veía más claro que se acercaba su fin. ‘¡Tocad un poco de música!’, dijo, mientras nos arrodillábamos junto a su lecho. ‘Cantadme una hermosa canción sobre la muerte, que ha llegado mi hora’. Yo vacilé un instante, no sabiendo qué música escoger para aquellos oídos que pronto oirían la música celeste. Pero Dios me inspiró y empecé a cantar el coral Todos los hombres tienen que morir, para el cual había escrito él un preludio en mi cuadernito de órgano. Los demás me siguieron y cantamos a cuatro voces. Mientras cantábamos se esparció una expresión de paz por el rostro de Sebastian. Parecía que se había alejado de las miserias de este mundo. “Un martes por la tarde, a las ocho y cuarto del 28 de julio de 1750, falleció. Tenía sesenta y cinco años. El viernes por la mañana lo enterramos en el cementerio de san Juan de Leipzig. Desde el púlpito, el pastor pronunció estas palabras: ‘ Se ha dormido dulcemente en el Señor el muy inteligente y muy honorable Johann Sebastian Bach, compositor de Su Majestad el Rey de Polonia y del Príncipe Elector de Sajonia, Maestro de Capilla del Príncipe de Köthen y Kantor de la Escuela e Iglesia de santo Tomás de Leipzig. Siguiendo la costumbre cristiana, ha sido enterrado su inanimado cuerpo’. “Pero, con mucha más intensidad que las palabras del pastor, oía en mi corazón el coral que Sebastian había escrito en su lecho de muerte: Ante tu trono me presento”.

De esta manera aconteció el tránsito a la casa de Dios de una de las cumbres mayores, si no la mayor, de la historia de la música; de uno de los creyentes más grandes por su fe cristiana; de un músico que puso como lema de todas sus composiciones ‘sólo al Dios Altísimo la gloria; al prójimo para que pueda instruirse con él’; de un hombre santo y bueno al que se le conoce con el nombre de Johann Sebastian Bach.

AUDICIONES:

GEORG FRIEDRICH HAENDEL

VIDA.- Georg Friedrich Haendel (o Händel) nació en la ciudad sajona de Halle en 1685, el mismo año en que nacieron J. S. Bach y el italiano Domenico Scarlatti, con quien le unió una larga y fructífera amistad. Su familia era acomodada aunque carente de la tradición musical que hemos visto en la familia Bach. Los pocos datos que tenemos de su infancia nos muestran a un niño obstinado en aprender el arte de la música a pesar de la oposición paterna. Su padre, Georg Haendel, de profesión barbero-cirujano, casó en segundas nupcias con Dorothea Taust, veintiocho años más joven que él. De esta unión nacieron tres hijos: el músico Haendel y dos hijas. La fe luterana que se profesaba en el hogar de los Haendel, el conocimiento de la Biblia y el respeto por las tradiciones, crearon un clima acogedor y familiar – que nos atreveríamos a llamar burgués – en el que creció G. F. Haendel, rodeado del cariño de un padre ya anciano y de una madre por la que sintió toda su vida un gran respeto. En una visita que el padre hizo al duque de Sajonia, este oyó tocar al hijo y le recomendó al padre que no desperdiciara sus cualidades musicales. Al regresar a casa, Haendel asistió a las lecciones que impartía el organista de la Marienkirche, aunque el padre confiaba en que más adelante su hijo se interesaría más por la carrera de leyes – Derecho, diríamos hoy – y las ventajas halagüeñas que conllevaba que no por ser organista en una iglesia cualquiera. A los 11 años, con ocasión de un viaje a Berlín para conocer la corte de Federico III, se ganó hasta tal punto el aplauso y la admiración de todos por su dominio del teclado, que el rey rogó a su padre que lo dejara bajo su protección para proporcionarle una formación musical adecuada. El padre se opuso, contrariando profundamente a su hijo, y regresaron de nuevo a Halle. Poco después murió el padre. Acabadas su formación humanística y musical en Halle, se trasladó a Hamburgo, centro operístico de la Alemania barroca. En esta ciudad entabló una fructífera amistad con Johann Mattheson, quien lo introdujo en los círculos culturales de la ciudad. Esta amistad juvenil llevó a ambos a Lübeck, en la que el anciano maestro Dietrich Buxtehude iba a dejar su puesto de organista en la Marienkirche y buscaba un sustituto que reuniera dos condiciones: a) que fuera un experto en el arte del órgano y b) que estuviera dispuesto a casarse con su ya no joven hija. Al enterarse de las condiciones, ambos pusieron pies en polvorosa. Vuelto a Hamburgo, ingresó como músico en la Ópera, lo que le daría un conocimiento directo y excepcional de este arte. Escribió su primera ópera, Almira, y una Pasión según san Juan, acogidas con bastante éxito. Pero la quiebra del empresario del Teatro de la Ópera hamburguesa le dio la oportunidad para aceptar la invitación de Gastón de Médicis, hermano del Gran Duque de Toscana, para viajar con él a Italia.

VIAJE A ITALIA.- Llegó a Florencia en 1706 y se sintió decepcionado al ver la indiferencia musical de los florentinos, a pesar de tener en la corte a un músico como Alessandro Scarlatti, padre del que sería después su gran amigo Domenico Scarlatti. En 1707 se marchó a Roma y se dedicó al estudio de los compositores italianos de moda: Benedetto Marcello, Giacomo Carissimi y los dos Gabrielli, Andrea y Giovanni. Entró en los círculos musicales romanos. El cardenal Colonna le encargó algunas obras en honor de la Virgen y el cardenal Ottoboni, que se había rodeado de músicos de la talla de Domenico Scarlatti y Arcangelo Corelli, lo acogió en sus veladas musicales de los miércoles, para las que compuso algunas obras. Pero sintiendo la necesidad de escribir obras de mayor envergadura se trasladó de nuevo a Florencia. En 1708 marchó a Nápoles con su amigo Domenico Scarlatti, donde fue acogido con grandes honores. Aquí escribió su ópera bufa Agrippina que sería estrenada en el teatro de san Juan Crisóstomo de Venecia en 1709 y que le valió el reconocimiento internacional.

VUELTA A ALEMANIA.- Cuando todo parecía indicar que Haendel permanecería para siempre en la ciudad de los canales, recibió la tentadora oferta de ocupar la plaza de Maestro de Capilla de la corte de Hannover, abandonando Italia en dirección a Alemania (Hannover) en 1710. La estancia en Italia, a donde volvería nueve años más tarde en busca de cantantes para sus óperas, fue de gran importancia en el aprendizaje musical del caro sassone = el querido sajón o alemán. Como muy bien se dice, Haendel ya no compondría jamás como lo había hecho antes de ese viaje.

PRIMER VIAJE A LONDRES.- En el contrato que firmó con la corte de Hannover introdujo una cláusula que le permitía disfrutar de un permiso de 12 meses. ¿Tuvo la intuición de lo que le iba a suceder? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que, pocos meses más tarde de la firma del contrato, a finales de 1710, Haendel marchó para Londres, ciudad abierta a las corrientes musicales que llegaban de Italia y con una frenética actividad musical propia del furor que caracteriza a los nuevos ricos. Precedido de una gran fama que había llegado incluso a los oídos de la reina Ana, estrenó, a las pocas semanas de su llegada, en febrero de 1711, su ópera Rinaldo en el King’s Theatre. El éxito de la representación lo catapultó a la fama definitiva y le granjeó el aprecio de la ciudad que pronto sería la suya para el resto de sus días.

VUELTA A HANNOVER .-Volvió a Hannover a cumplir con los deberes de su oficio. Pero ante la imposibilidad de representar su Rinaldo a causa de la inactividad del teatro local, y debido a la atracción cada día más fuerte que sentía por Londres, en 1712 pidió de nuevo licencia para trasladarse a la capital británica, donde se instaló definitivamente para el resto de sus días.

LONDRES PARA SIEMPRE.- Apenas vuelto a Londres, se firmó la Paz de Utrecht (1713) dando así fin a la guerra de Sucesión a la corona española que había enfrentado desde los primeros años del siglo a franceses y españoles contra ingleses, prusianos, austriacos y portugueses. Con este motivo, la reina Ana encargó a Haendel, pese a su condición de extranjero, una composición para conmemorar la firma de dicha Paz de Utrecht. Haendel compuso el Te Deum ‘Utrecht’ y el Jubilate ‘Utrecht’, cantados el 7 de julio de 1713 en la catedral de San Pablo de Londres. Estas composiciones fueron el primer gran éxito cortesano que confirmaron la categoría musical de Haendel. Pero un acontecimiento inesperado vino a oscurecer la recién adquirida fama: La repentina muerte de la reina Ana en 1714 hizo que subiera al trono de Inglaterra el príncipe alemán Georg Ludwig de Hannover, al que Haendel había dejado plantado con su marcha a Londres. Este subió al trono con el nombre de Jorge I. Los primeros encuentros entre el nuevo rey y el músico no fueron muy agradables. Pero la ocasión de restablecer la paz entre el monarca y el compositor se presentó en el año de 1717. El rey quiso dar una fiesta sobre el río Támesis con motivo de su aniversario. Pidió a Haendel que compusiera la música. Así nació la Water Music = Música acuática. Haendel ocupó un barco de la City Company, acompañado de 50 instrumentistas. En otros iban el rey Jorge I y los invitados. La música amenizó la fiesta tanto a la ida como a la vuelta. Y fue tal éxito alcanzado, que hubo de ser repetida varias veces a requerimiento del rey. Treinta años más tarde, a petición del sucesor, el rey Jorge II, Haendel volvería a escribir otra composición con motivo de firmarse la Paz de Aquisgrán (1749) que daba por finalizada la guerra de Sucesión a la corona austriaca. Y aunque Inglaterra no salió bien librada de la situación, se quiso celebrar adecuadamente la firma de la paz. Para ello se preparó un castillo de fuegos artificiales al aire libre con una música apropiada para la ocasión. Así nació la Fireworks Music = Música para los reales fuegos artificiales, obra que se hizo tan popular como la Water Music. Baste recordar que antes del estreno oficial se efectuó un ensayo general de la orquesta en los jardines de Vauxhall que convocó a unos 12.000 espectadores. Ambas son dos de las piezas más celebradas del compositor alemán. En 1719 Haendel ocupó el cargo de director de la Royal Academy of Music, sociedad creada para ofrecer representaciones operísticas en el King’s Theatre. Los éxitos alcanzados lo consagraron como el músico más grande de Inglaterra. Sin embargo, una pelea en el escenario entre las sopranos italianas Francesca La Parmigiana y Faustina Bordoni, quienes llegaron a las manos ante la atónita mirada del público y del mismísimo príncipe de Gales, hicieron tambalearse los cimientos de la Royal Academy que quedó herida de muerte hasta 1728 en que fue disuelta. Ante esta situación, Haendel se retiró de la escena para recuperar fuerzas y reconsiderar la situación. Con Johann Jakob Heidegger marchó a Italia en busca de voces para la ópera. En Italia fue acogido con entusiasmo por todos los círculos musicales, sabedores de sus éxitos londinenses. Después marchó a su Halle natal para visitar a su madre, que, ciega como después lo sería su hijo, estaba viviendo sus últimos días. Tras diversos desengaños en Londres que le hicieron abandonar la ópera, Haendel marchó en 1741 a Irlanda, donde, en abril de 1742 y en el New Music Hall de Dublín, estrenó El Mesías, su Oratorio más célebre y que se ofreció como concierto benéfico a favor de presos y enfermos de diversos hospitales. Como ya vimos en Vivaldi, encontramos de nuevo aquí la relación entre la música y los asilos y hospitales, que tan fecunda ha sido a lo largo de la historia. En Londres tuvo dificultades para estrenarlo con su título original, por lo que tuvo que cambiarlo por el de Sacred Drama. Pero fue tal el entusiasmo que suscitó que, al iniciarse los primeros compases del Aleluya, el rey y toda la corte se pusieron de pie para escucharlo. Desde entonces es de obligado cumplimiento en Inglaterra escuchar de pie el Aleluya. La audición de El Mesías impresionó hasta tal punto a Joseph Haydn en su viaje a Londres que le inspiró sus dos grandes oratorios, La Creación y Las estaciones, como veremos más adelante. Enfermo de los ojos, su ceguera había ido progresando lamentablemente, a pesar de la constante atención de los mejores especialistas ingleses. Poco después de 1751 quedaría definitivamente ciego, desgracia que también afectó los últimos momentos de Johann Sebastian Bach. En 1759 asistió a una audición de El Mesías en el Covent Garden y poco después, concretamente el 14 de abril de 1759, moría a la edad de 74 años. OBRAS.- Aparte las señaladas anteriormente en su biografía, la obra de Haendel es ingente en calidad y cantidad. Compuso infinidad de óperas, basadas en acontecimientos históricos para expresar las pasiones humanas a través de figuras legendarias o mitológicas; costumbre que arranca del Orfeo de Monteverdi. Entre las óperas más conocidas citamos: Rinaldo, con un argumento basado en las Cruzadas; Il pastor Fido, de contenido pastoril; Giulio Cesare in Egitto, sobre la historia romana y las relaciones entre César y Cleopatra; Serse (o Jerjes, en español), sobre el poderío persa en tiempos de Ciro. A Serse pertenece el famosísimo Largo o Larghetto, un aria de la primera escena del primer acto, una bella melodía hecha de lentos ascensos y descensos en escala y que comienza con las palabras de Ombra mai fu. Compuso también una serie de obras corales conocidas como Anthems e inspiradas en los salmos bíblicos, otras obras corales para orquesta y voces, como el Te Deum ‘Utrecht’, ya señalado anteriormente, la Oda para el día de santa Cecilia, etc., música instrumental, obras para clave, de las que destacamos el Passaccaglia o Pasacalles en castellano, obras de cámara, composiciones para orquesta, entre las que destacan sus famosos Concerti Grossi, especialmente los Doce Concerti grossi del Opus 6 que son los que hoy gozan de un mayor prestigio entre el público por ser un resumen de los valores del compositor de Halle; Oratorios, entre los que enumeramos Israel en Egipto (sobre la venta de José por sus hermanos y su llegada a Egipto hasta alcanzar la cima de su poder con el cargo de administrador del Faraón, tal como la cuenta el libro del Génesis), Saúl (sobre este personaje bíblico y sus luchas con el rey David) y el ya comentado El Mesías. Para órgano compuso también unos conocidísimos Conciertos para órgano y orquesta, ejecutados en los entreactos de las representaciones de ópera o de los Oratorios, y que son una delicia de música para cualquier oyente por la variedad de temas, sencillez de melodía, riqueza expresiva y el permanente diálogo entre el órgano y la orquesta, etc., etc. En resumen, Haendel, como Bach y Vivaldi, forma parte de esa tríada sagrada que fundamentó la música del Barroco y sentó las bases para una posterior evolución en los siglos venideros, siglos que dieron figuras como Haydn, Mozart, Beethoven, que no hubieran llegado a ser lo que fueron sin tener a sus espaldas el legado musical de estos tres compositores barrocos.

AUDICIONES:

CUARTA PARTE: EL CLASICISMO

Se entiende por Clasicismo el periodo que va desde la primera mitad del siglo XVIII (1750) hasta la primera treintena del siglo XIX (1830). En este tiempo se sientan las bases de lo que se conocería después como Siglo de las Luces, Ilustración, Siècle des Lumieres, Aufklärung, Secolo dei Lumi, etc.

La música deja poco a poco de ser propiedad exclusiva de la Iglesia y de los Mecenas, es decir, va perdiendo su orientación sagrada o religiosa, y va disminuyendo paulatinamente la protección de los príncipes sobre los compositores. Se vuelve cosmopolita, a saber, se populariza gracias al nacimiento de lo que hoy llamaríamos público. Hasta ahora se había ejecutado en lugares muy restringidos: Capillas, Iglesias, Catedrales, Palacios, etc. Con el Clasicismo la música se populariza: se dan conciertos públicos en París, Leipzig – los famosísimos conciertos de la Gewandhaus – , Viena, Berlín, etc.; florecen las Sociedades Musicales, se inauguran Salas de Conciertos, como la inaugurada en Dublín en 1742 – el New Music Hal

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